Caer sin romperse

14.12.2017 - Segunda Entrada Y Fuga



Las miraba caer, durante horas. Por eso mi estación favorita es el Otoño. El Otoño es como una escuela llena de verdaderos Maestros: todo el tiempo aprendes algo nuevo. Y lo que aprendes del Otoño es a caer. Puedes "caerte". O, mejor dicho, puedes creer que puedes caerte, cuando en realidad cae eso que eres en medio de Todo. Es difícil entenderlo, pero ya llegará el momento. Y, en todo caso, ni siquiera se trata de entender...


Tranquilos, tranquilos. Los momentos adecuados no necesitan que les demos permiso. Ocurren.
Como ellas, que simplemente caen. En el momento justo en que caer es lo más adecuado. Porque es lo único posible.

Puedes "dejarte caer". Otra vez, la ilusión. Te dejas caer sólo porque es el momento adecuado. Es decir, el momento en que caer es lo único posible. De todos modos, te aferras a la necia idea de que decides cuando caer.

En Otoño, ellas caen, caen, caen. El Otoño es su caída. Una tras otra. Hacen ruido si, pero de tan sutil es casi imperceptible. Incluso para nosotros. Ruido. Para mi es Música. Cada una de ellas tiene su melodía. Sutil, leve. Liviana. Diferente.  Igualmente encantadora.

Un día, siendo aún una niña, pregunté a mi hermano: "¿por qué caen?". "-Todos los objetos son atraídos por la tierra", dijo, con su habitual tono distante. Y siguió caminado.

"No soy estúpida, de eso ya me dí cuenta." -  pensé. Pero mi fascinación crecía. Seguía viendolas caer, tardes enteras. Siendo una, con ellas.

Entonces, me acerqué a mi Maestra, y le dije: "Maestra, ¿por qué son tan fascinantes?". Ella, con mirada brillante y divertida, me respondió: "-Porque te están diciendo algo."Pensé que me trataba de loca, o algo parecido. "-¡Pero si no hablan!", respondí con mi voz de niña indignada.

"-Algo de ellas te habla.", dijo con voz comprensiva. "- O quizá, algo de ellas se parece a ti. Observa, sin pensar, sólo observa, y lo encontrarás. Entre latido y latido, aparecerá. "

Y seguí observando, tarde tras tarde hasta el fin de Otoño. Sin pensar. O dejando que los pensamientos simplemente estén ahí. Hasta que un día, el último día del Otoño, lo supe. "Caen, caen, caen. Silenciosas, caen, caen. Y se posan, sin romperse. Caen, sin romperse." Entonces, sentí el tibio abrazo del Bosque.

"-Maestra, Maestra! Ya lo sé. Ya lo sé."
La mirada sabia de la Maestra buscó mis ojos.
"-Dime, Indhira, ¿qué sabes?", dijo con voz musical, fundida con el Viento.
"- Que caen sin romperse".
"-Si, niña. Pero te pregunto por tí. ¿Qué sabes, ahora?"
"-Que que... Que quiero ser como ellas, eso.", dije, finalmente.  
 
Y sentí el tibio abrazo del Bosque.

Así son las hojas de Otoño del Bosque en que nací, mis amigos. Caen, caen y caen. Sin romperse.

Quiero ser como ellas.

Que el tibio abrazo del Bosque llegue a ustedes al despertar en la mañana.


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